Hello, Nico
¿Cómo te trata la prisión neoyorquina?
Hello, Nico
Espero que esta carta te encuentre bien.
Me enteré de que tu esposa y tú se mudaron de domicilio. Y todavía me cuesta procesarlo. Me parece un hecho insólito, increíble.
De a ratos no sé cómo sentirme, pero te veo sonreír en las fotos, allá en Estados Unidos, y genuinamente me contagias la felicidad. Sé que estás en buenas manos.
Que susto me hiciste pasar el día de tu viaje. Te cuento brevemente cómo lo viví (y me encantaría que pronto tengas tiempo de narrar cómo lo viviste desde tu óptica).
Me desperté durante la madrugada del sábado 3 de enero porque mi teléfono estaba vibrando fuera de la habitación (no suelo llevármelo a la cama).Intenté ignorarlo, Nico, pero las continuas vibraciones me dieron miedo… Me daba temor que mi novia se despertara por el ruidoso aparato. Porque después quién se aguanta la queja… Así que me levanté y fui hacia él. Sería como las 7 AM.
Los responsables de la interrupción del descanso eran un par de amigos que viven en Caracas. Quise insultarlos apenas vi el grupo de WhatsApp del que emergían las notificaciones. ¿Cómo se atrevían a irrespetar de esa forma el horario europeo?
Aún dormitando y sin llegar a leer nada, puse el teléfono en modo avión y lo tiré al sofá para regresar a la habitación y meterme en mi sobre. Cuando estuviese más despierto me encargaría de enviarlos a ambos a la puta que los parió.
Pero me costó conciliar el sueño, Nico.
Debían ser cerca de las 8 de la mañana. El cielo seguía oscuro. Pero mi descanso ya había concluido.
Me levanté y salí de nuevo. Volví a conectar el teléfono a la red y entraron más mensajes a tropel.
Abrí el grupo en el que estoy con este par de pendejos que te mencioné. Pero la conversación no se basaba en los usuales chistes malos.
«Acaban de explotar dos vainas en el aeropuerto de Higuerote», comienza el intercambio de mensajes.
«Yo escuché dos explosiones aquí en Caracas. Nos despertamos».
«Yo escuché aviones», leo en una cascada de mensajes.
«¿Crees?», responde uno, evitando mencionar directamente un posible ataque estadounidense. Porque ya sabes, Nico, que hasta tener guardado un meme tuyo podría llevar a alguien —que no tiene 10.000 dólares para pagarle a un policía— a prisión. Y es mejor ser precavido.
«Aquí se prende el cielo en naranja».
«No es a lo loco, por lo que creo», comentan sobre las detonaciones.
«No, bombardearon varios puntos de Venezuela».
Mientras tanto, mi familia no respondía mis mensajes.
No suelo ser paranoico, pero temí lo peor.
Me pregunté: ¿y si les cayó una bomba encima?
El imperio no podía hacerme eso, Nico. Casi me vuelvo chavista. ¡¿Cómo se despertaba todo un país, alborotado por el retumbar de las explosiones, y esta gente no aparecía?!
Pero estaban durmiendo, Nico. Aparecieron después… Sí escucharon algo a lo lejos, pero pensaron que eran fuegos artificiales atrasados de Nochevieja y no se tomaron la molestia de revisar sus teléfonos. ¿Puedes creerlo?
A todas estas no sabíamos qué había pasado contigo, Nico. Con ninguno de tus amigos en realidad. No había información oficial. Nadie decía nada, estaban todos escondidos. Pero los rumores viajaban a la misma velocidad de los misiles gringos.
Lo cierto era que la noche venezolana estaba encendida en candela.
Los videos eran una locura.
Qué gran momento para ser venezolano, Nico. Ojalá lo hubieses visto. O sea, me enteré después de que lo viviste en primera línea, pero no sé qué tanto hayas podido observar realmente.
Y menos mal que no soy adicto a las apuestas, Nico, porque si hubiésemos apostado sobre la entrada de los gringos a Venezuela, hubiese perdido todo mi dinero.
Yo pensé que, como el perro estadounidense llevaba tanto tiempo ladrando, nunca iba a llegar a morder. Pero, bueno, qué te voy a estar explicando, si mordió tus propias nalgas el otro día…
El caso es que todo el país estaba pendiente de tu destino. Y en medio de la desinformación, míster Donaldo publicó una foto tuya (y, coño, Nico, qué foto espectacular. Si algún día sacas un álbum de rap malandro, esa es LA portada, compadre. Mucho flow), y estabas a salvo. E hidratado, que dicen que es lo más importante en medio de una extracción presidencial.
Más tarde comenzaron a aparecer tus colegas en distintos comunicados. Estaban todos con vida.
La gente se decepcionó mucho.
De que te hubieses ido de vacaciones, por supuesto.
Pero bueno, te alegrará saber que el pueblo venezolano, el pueblo grande de Bolívar, no agachó su cabeza y sigue su rutina como si nada, como si no le importara que ya no estés.
Quienes te están haciendo la suplencia se están encargando de que Estados Unidos pague caro lo que te hizo. Y para hacerse respetar, han optado por una táctica de confusión avanzada: engañar a Trump haciéndole creer que cumplen todas sus órdenes. Absolutamente todas. Se han disfrazado de los nuevos cachorros del imperio con tal maestría que el mundo entero se lo ha creído. Pero tú y yo sabemos que es un truco, ¿verdad? Ironía de máxima calidad, Nico. Una jugada de ajedrez 4D.
Voy a estar pendiente de cómo avanza tu caso en los tribunales neoyorquinos. Pero, no te voy a mentir, camarada, se ve complicado. Póngase cómodo en esa cama dura.
Si todo sale mal, y saquear una nación no funciona para que tú y tu familia puedan seguir manteniendo su estilo de vida, recomiendo seriamente que te conviertas en influencer de moda.
A la gente le gustó tu estilo. El conjunto Nike que vestías causó sensación. De hecho, se agotaron todas las tallas en la tienda. Estoy esperando que repongan el stock para comprarme uno.
Por cierto, para evitar situaciones incómodas en las duchas, un amigo me mandó a decir que lo mejor es que a la pastilla de jabón le abras un hueco y le ates una cuerda que puedas amarrar en tu muñeca. Así, si se cae, no hay que exponerse al peligro.
Me despido, Nico. Espero saber pronto de ti.
Ojalá tu vida sea larga.
Sin ningún tipo de afecto, Andrés

